El riego ha sido uno de los elementos más importantes de transformación del suelo y de los ecosistemas. El riego modifica el suelo en dos formas:
- modificación directa de la superficie: la tierra se despeja, se nivela para permitir el riego y una red de presas, embalses, diques, canales, acequias se sobreimponen en el espacio al paisaje y, en menor o mayor medida, fracturan el ecosistema y los hábitats naturales;
- transformación indirecta, profunda, debido a los efectos del agua, la modificación del régimen preexistente de humedad del suelo, las alteraciones hidrológicas que induce y los cambios que conlleva en el balance de sales ya sea por los nuevos aportes de agua o por salidas facilitadas por el mayor escurrimiento y/o percolación de las aguas.
La mayoría de estas modificaciones son permanentes e irreversibles. Los grandes proyectos de riego suponen transferencias interregionales de una cuenca a otra, el uso de presas y diques para el almacenamiento interanual o interestacional y el logro de otros objetivos, como el de proveer energía o facilitar las comunicaciones y el transporte. Los sistemas de objetivos múltiples superan el ámbito puramente agrícola, requieren a menudo la construcción de complejas y extensas obras de infraestructura para el uso de un recurso vital escaso de usos alternativos y a menudo conflictivo: el agua. Las dificultades se acentúan por ser ventajas y costos de los usos alternativos y de las externalidades que originan, difíciles de valorizar adecuadamente a través del mecanismo del mercado.
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